¿Cómo nos afecta la infertilidad anímicamente?

como afecta animicamente la infertilidad

La dificultad de tener hijos cuando existe un fuerte deseo de tenerlos es una de las situaciones más difíciles a las que enfrentarse. El nivel de estrés y desajuste emocional que experimentamos las personas que pasamos por esta situación puede llegar a ser muy alto. Hemos entrevistado a la doctora Montse Roca del CRA Clínica Sagrada Família, psicóloga especialista en fertilidad con una amplísima experiencia en el asesoramiento psicológico a todo tipo de parejas y mujeres solteras, para conocer cómo nos afecta la infertilidad.

¿Cuál es la primera consecuencia emocional de la infertilidad?

Sin duda, el estrés. Es una de las situaciones más estresantes por las que se puede pasar en la vida. Es equiparable a una enfermedad cardíaca grave o el estrés que pasan los pacientes en procesos oncológicos. Hay que tener en cuenta que cuando una persona o pareja viene a un centro de reproducción asistida, su “deseo” no nació ayer, sino que tiene un bagaje. Lleva años con el deseo de tener un hijo y finalmente cuando decide que es el momento, por una u otra razón necesita ayuda médica.

Sea cual sea tu situación, pareja hombre/mujer, pareja de mujeres o mujer soltera, cuando acudes a un centro de reproducción asistida te afrontas por primera vez a una posible infertilidad: “¿y si yo no puedo tener hijos?”.

¿Qué emociones se experimentan?

El temor al infertilidad es una de las emociones que más cuesta expresar. El mismo miedo nos silencia, no se quiere pronunciar la palabra. Y es algo realmente estresante.

Además, los tratamientos en sí son también son estresantes, las idas y venidas al hospital, la medicación, los compromisos laborales propios o de la pareja, la incertidumbre frente los resultados etc. Pueden desencadenar ansiedad y/o depresión.

Incluso mujeres y hombres con un buen ajuste emocional sufren estos trastornos durante el tratamiento, llegando a no reconocerse a sí mismo, evitando situaciones de relación social y familiar de la que antes disfrutaban o abandonando actividades que hasta ese momento eran placenteras.

¿Afecta de forma dierente a hombres que a mujeres?

Desde el momento que existe ese deseo frustrado de maternidad/paternidad, podemos decir que afecta de igual forma a ambos. Sin embargo, existen factores sociales y educacionales que pueden afectar más a la mujer: la culpabilidad por haber retrasado la maternidad, el miedo a no estar cumpliendo con la función más básica del ser humano, etc.

¿Cómo se puede abordar?

Los especialistas realizamos una valoración de la situación personal: “como me afecta”, “qué riesgos hay” y en segundo lugar, analizamos que recursos tenemos para hacer frente a esta situación, son lo que se conoce como estrategias de afrontamiento: “qué hago?” “ Cómo lo hago”?

Es importante también separar lo que es el entorno familiar y laboral, del proceso en sí. Muchas personas se sienten presionadas o se autopresionan ante las expectativas de los demás: los “futuros abuelos”, los compañeros de trabajo, etc.

Es importante separar esta presión “emocional” de lo que está pasando realmente a nivel del tratamiento. Un negativo ahora, no significa un negativo en el futuro.

¿Cómo conseguir que el tratamiento no centre mi vida?

El tratamiento tiene que encajar en tu vida, no puedes parar tu vida y dedicarte enteramente al tratamiento, porque el tratamiento conlleva incertidumbre. Es cierto que no todos los tratamientos en todos los casos acaban con un niño nacido en casa, pero también es cierto que en determinados casos es insistir. Y este desgaste es un alto precio.

De hecho la principal causa de abandono de los tratamientos es por cansancio psicológico. No por causas físicas ni económicas. La gente abandona porque no puede mas: “no puedo más con el carrusel emocional que supone un tratamiento: empiezo, me ilusiono, viene el negativo, me hundo”. Con el apoyo psicológico, intentamos que este carrusel sea más llevadero, porque sabemos que al final, quien persiste triunfa.

 

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