Cometiste el peor error de tu vida laboral: ser madre

Ser madre sigue siendo un handicap laboral. Foto:http://copred.cdmx.gob.mx/
Ser madre sigue siendo un handicap laboral.
Foto:http://copred.cdmx.gob.mx/

A las mujeres nos va bien en el mundo laboral, dicen (excepto la comparativa en nómina con nuestros contrarios masculinos), hasta que un buen día anunciamos que vamos a ser madres. Ese es el momento en el que tu persona, en el entorno laboral, pasa a ser otra, completamente distinta a la que fue un minuto antes de decir que estás embarazada.

Rosa Maestro @rmaestrom

Todo ocurre de repente. Una mujer dice que está embarazada y de pronto el mundo laboral se gira en contra de ella. La primera puerta que se cierra es la de la progresión: antes hombre que mujer, antes sin posibilidad de tener hijos que con hijos, antes sin hijos que con hijos.

Las puertas de la progresión se cierran, por mucho tiempo, y posiblemente no se vuelvan a abrir. Al parecer estar embarazada, hoy en día, para los empresarios, supone un importante deterioro de la inteligencia de la mujer y de sus capacidades; nada que decir respecto a su liderazgo que ya ni pasa a ser cuestionado porque de pronto lo único que pasará a liderar es a su equipo de hijos.

Nos quedamos entonces en la misma posición laboral que tenemos un minuto antes de decir que estamos embarazadas. Y dejamos de ser nosotras el centro de todas las miradas para pasar a serlo el teléfono. Se sobrentiende que desde ese mismo momento dejaremos de atender a proveedores, inversores o clientes, para pasar a dedicar horas interminables de nuestra jornada a hablar con nuestras madres y contarles todos los pormenores de nuestro embarazo -nunca entendí en qué momento de nuestra historia laboral empezó a fraguar este tópico-.

Nuestra baja por maternidad se vuelve a ver cómo una agresión psicosocial laboral. Si el equipo está compuesto mayoritariamente por mujeres jóvenes o ya algunas madres, es el momento en el que el jefe y el director comienzan a tener pesadillas y al igual que una mujer que busca un embarazo, solo ven embarazadas por las calles. Es cuando se oye por primera vez aquello de “habría que contratar más hombres”.

Nada quiero contar si por fin la mujer que ya es madre se atreve a decir que desea una jornada reducida. Es ese  el momento justo en el que se deja de ser profesional para pasar a ser solo madre. Los trabajos de más enjundia se reparten entre los demás, se le adjudicarán solo aquellos para los que nuestra ya corta inteligencia pueden ser apropiados. Y empiezan a pasar los días laborales como muescas en el calendario.

Las oportunidades pasan por delante de las madres igual que los días laborales, sin más. En todas ellas se requieren jornada completa, disposición total para la empresa, disposición para viajar y movilidad geográfica. Sí, esos son los valores que definen a un gran profesional aunque luego no sepa hacer la o con un canuto, o de sus doce horas laborales (ocho legales y el resto de paseos, paseitos, internet, café, cafetito y saber venderse), o también (reuniones, puestas en común, estatus, programas o visualización del futuro).

Las madres no pueden competir con tanto intelecto suelto. LLegan a las ocho de la mañana (o inclusive antes), temprano, para poder recoger a sus hijos a tiempo de ese horario escolar que se adapta tan bien al horario laboral (cuando no los recogen los abuelos o una persona contratada para ello). De vez en cuando tienen que ir a una tutoría con el profesor/a de su hijo o con la guardería (esas a las que asisten las madres mayoritariamente mientras sus maridos regresan a la diez de la noche, conviven con sus directores en lugar de hijos, viajan e incluso viven en otras ciudades de lunes a jueves). Sin olvidar que para antes de ir a la tutoría hay que escoger el momento en el que decirlo: “tengo una tutoría, o médico con el niño, o revisión del ginecólogo”, sin esperar que la cara del jefe o del director no sea la misma que la de la niña del exorcista. Pero sin olvidar también que muchas de estas madres, una inmensa mayoría, recupera ese tiempo posteriormente en casa, para sacar el trabajo adelante.

Tampoco pueden perder el tiempo tomando demasiados cafés con el jefe porque tienen que terminar todo ese trabajo que nadie quiere en la oficina y que se les ha adjudicado en sus siete horas laborales. Ni hablar de ese tiempo para hacer méritos que son las dos horas de comida que permiten hacer tantos amigos laborales, o lo que comúnmente se conoce como peloteo al jefe. Las madres no tiene oportunidad porque es justamente la hora en la que sale despavoridas a por sus hijos.

Y así llegamos a los 50 años de edad de las mujeres trabajadoras profesionales – porque ni hablar de las condiciones, ayudas, o conciliación de aquellos trabajados ni tan profesionales ni tan cualificados -, o las de aquellas que laboran en empresas pequeñas donde tener un hijo se convierte en labor imposible, tan imposible como la conciliación.

Cumplidos los 50 y como para llegar a cierta estabilidad económica hemos tenido que llegar tarde a la maternidad, las madres trabajadoras se encuentran con que se han convertido en el colectivo más susceptible de despidos, degradaciones de categoría, presiones, mobbing, y un sinfin de etcéteras.

Y todo esto siendo una madre con pareja al uso en el domicilio familiar. De las madre sin pareja por elección o por situación, ya ni hablamos.

Ah! se me olvidaba que todo esto viene a colación de que mañana es del “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”. Ese día que nos han puesto para recordarnos que hemos aprendido a hacer lo mismo que hace el hombre, solo que con desventaja y con un hijo en cada brazo. Sí, nos han dado un día, y nosotras vamos y lo celebramos.

Autor: Rosa Maestro

Periodista, comunicadora, madre sin pareja con donante de esperma y por adopción internacional, fundadora de la web masola.org y autora de los cuentos infantiles #reproducciónasistida "Cloe quiere ser mamá..", "Nora y Zoe, dos mamás para un bebé" y "Lucía y e cofre mágico de la familia".

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