Ni madre hay solo una, ni familia tampoco

Rosa Maestro es madre de dos niñas, una gracias a una donación de esperma, y la segunda, a través de una adopción internacional.
Rosa Maestro es madre de dos niñas, una gracias a una donación de esperma, y la segunda, a través de una adopción internacional.

Madre no hay  solo una…. un tópico o esteriotipado concepto con el que muchas de nosotras crecimos. Sin embargo, después de novios a la fuga, sexualidad en incognita, embarazos fantasmas, amantes a la fuga, matrimonios frustrados y terapias entre amigas, la familia no es ni blanca ni negra, tiene muchos colores.

Rosa Maestro @rmaestrom

Soy de esa generación que a los 20 años se debatía entre encontrar el príncipe azul o ir a la Universidad. Crecí con los cuentos de hadas en el cabecero de mi cama, con la idea de que encontrar un hombre bueno y apuesto con el que casarme sería lo mejor que me podría suceder en la vida. Pero también crecí en una época en la que la mujer comenzaba a acceder de forma mayoritaría a la educación. Sí, han pasado 30 años y tres décadas de revolución femenina (aún nos quedan muchas décadas por delante), también 30 años para el recuerdo de aquellas amigas que eligieron que por encima de todo deseaban casarse,  y el de aquellas otras, que por encima de todo querían ser ingenieros, abogados, periodistas…sin olvidar, las que querían las dos cosas.

Sí, crecimos entre la dualidad, y durante dos décadas, no encontrar o no conformarse con el príncipe azul con el que casarme y ambicionar otras cosas hasta hacía muy poco vetadas a la mujer, suponía ser diferente. La vainica, el vestido blanco de cola, los niños uno detrás de otro y el carro de la compra familiar en el supermercado era una mochila vacía a veces dura de llevar. Imagino que la misma mochila que la de aquellas que eligieron el matrimonio por encima de su profesión, para las que un niño detrás de otro, la casa, y el carro familiar en el supermercado era una mochila llena a veces dura de llevar.

Separarse hasta hace muy poco ha sido sinónimo de fracaso para las mujeres y así lo han vivido muchas de nosotras, con ese sentimiento de culpabilidad; quedarse soltera era sinónimo de solterona, es decir, esa pobre mujer fea a la que ningún hombre quería y que por supuesto no le quedaba otra que tener ambición profesional; amar a otra mujer era algo que se sentía en silencio porque se señalaba como una enfermedad de marimachos; tener un amante casado, por supuesto también en silencio, porque el culpable no era él, sino tú, como mujer, una mala pecora, y muchos más calificativos que certificaban que le habías robado lo que era suyo a otra. Y casarse, si te casabas habías acertado socialmente, pero muchas veces no personalmente y fueron muchas las que aguantaron, las que cedieron y las que se anularon profesionalmente. No quiero contar si a estas alturas de la vida eras abandonada, porque eras abandonada siempre, nunca eras tú la que decidias largarte… aunque el príncipe azul fuese encontrado entre las sábanas rosas de otra príncesa dulce y desvalida en busca del amor de su vida.

¿Y los hijos? Las que amaban a escondidas a otras mujeres tuvieron que llorar la idea de no ser nunca madres, las que no podían tener hijos tuvieron que ocultar todo su dolor y la búsqueda de un tratamiento que le ayudase, muchas otras ocultaron que sus hijos eran adoptados incluso a sus propios hijos…. Las hubo que fueron madres solteras, que tuvieron que dejar sus hijos en adopción para no ser castigadas por la sociedad – porque sin duda ellas fueron culpables de “no cuidarse” como en aquel entonces se decía, y otras más sufrieron el despropósito del robo de sus hijos por el hecho de no estar casadas. Las hubo que se quedaron embarazadas solo para poder casarse, para no ser señaladas por el dedo de la discrimiación social, y que años más tarde se tuvieron que separar y luchar por una pensión digna para sus hijos. Por supuesto, ni mencionar eso de “yo no deseo tener hijos” porque si no se era madre, no se era una mujer completa.

Y heme aquí que un buen día las mujeres, muchas mujeres decicieron volver a salir a pedir el voto… Se convirtieron en sufragistas de la diversidad familiar y de las diferentes formas de concebir, de la libre elección de a quien amar, cómo amar y cómo tener una familia. Se alzaron sin ellas darse cuenta en voz de muchas y les dijeron: “Basta ya”, es el momento de ser tú, de volver a quererte, de tener autoestima, de no ir empujando a otro para querer ser tu feliz, y sobre todo es tiempo de que seas tú y nada más que tú quien elijas, cómo, cuándo y con quién, o con quién no quieres ser madre.

Yo elegí… lo hice después de levantarme un día y sacudirme todos esos cliches femeninos que tanto tiempo habían convivido conmigo como  muro que cada vez que quería ser yo misma trataba de frenarme. Fuí madre, y lo fuí a los 39 años gracias a un donante de esperma, un príncipe azul muy diferente al de Blancanieves o La Cenicienta, y gracias al cuál cree mi propio cuento de hadas. Lo fuí además soltera (palabra que nos han hecho ver despectivamente y que aún hoy como mujeres asociamos a fracasada), pero que yo abandero. Y volví a ser madre, por adopción, y nuevamente soltera, porque así lo elegí, porque así elegí vivir y porque así soy feliz.

Desee que mi historia ayudase a otras muchas mujeres que necesitaban quererse a sí mismas antes que a un hombre, y elegir vivir su vida no las que los demás eligiesen para ellas, y así nació www.masola.org, ese punto de encuentro de familias diversas y orgullosas de ello, y luego vinieron los cuentos “Cloe quiere ser mama” y su versión en inglés “Chloe wants to be a mother” para hijos de madres solteras por decisión propia; “Nora y Zoe”, dos mamás para un bebé” y “Lucía y el cofre mágico de la familia”, cuento infantil que por primera vez habla de la fertilidad femenina y su protagonista es una niña que ha nacido gracias a una donación de óvulos. Cuentos con los que explicar a los niños su prigen y su diversidad familiar.

Y como yo, comenzaron estos tiempos en los que otras muchas mujeres comenzaron a elegir por ellas mismas como deseaban vivir su maternidad. Hubo quienes comenzaron a confesar sus gustos sexuales, quienes se emparejaron con otras mujeres, y quienes decidieron formar familias de dos mamás. También quienes dijeron sin temor a no estar plena “no quiero hijos”, quienes abrieron una puerta a la normalidad en los muchos tratamientos de reproducción asistida que nos han permitido a solteras y lesbianas tener una familia, tener muchas familias de diferentes colores; quienes eligieron adoptar libremente y mostrar con orgullo su gran amor a sus hijos, con o sin pareja. Hubo mujeres que han luchado por ser madres hasta límites insospechados y lo han conseguido…, gracias a la maternidad subrogada.

Y aquí están, algunas de ellas. Escucharlas es revivir en cada una de sus palabras el orgullo de ser madres, pero sobre todo, antes que madres mujeres libres, seguras, diferentes, fuertes, …

Marian Cisterna ha escrito el libro "No tires la toalla, hazte un bonito turbante", con el que ayuda a muchas mujeres a tomarse con humor el camino hacía la maternidad cuando éste se pone cuesta arriba.
Marian Cisterna ha escrito el libro “No tires la toalla, hazte un bonito turbante”, con el que ayuda a muchas mujeres a tomarse con humor el camino hacía la maternidad cuando éste se pone cuesta arriba.

Marian Cisterna. La madre que no es madre

En mayo de 2012, un día antes de comenzar mi tratamiento de Reproducción Asistida, mi vida dio un giro de ciento ochenta grados,  ya que me diagnosticaron esclerosis múltiple.  Algo que cambiaría para siempre mi forma de encarar las cosas. Pasé por  dos tratamientos de reproducción asistida (la tasa de brotes se cuadriplica cuando pasas por la estimulación hormonal de los tratamientos de fertilidad… pero me lié la manta a la cabeza y dije “si quiero” a la posiblidad de intentarlo).   Tras una hiperestimulación ovárica y superar un primer brote, volví a la carga con un segundo tratamiento.  En este me quedé embarazada, pero todo se disolvió como el polvillo que desprenden los sueños bonitos, tres meses después… en una ecografía, el diminuto corazón de mi pequeño había dejado de latir.  La peor época de mi vida, acababa de comenzar”.

Marian, sin ser madre, es madre de todas las madres porque gracias a su libro “No tires la toalla, hazte un bonito turbante”, en el que cuenta experiencia, ayuda a otras muchas mujeres a aceptar su vida y ser felices. Un libro donde el humor es clave para sobrevivir a la busqueda de un bebé y a lo inesperado de nuestra perfecta vida planificada.

Laura Puerto lo tuvo complicado por culpa de la endometriosis, pero su lucha y constancia le llevaron hasta sus dos mellizos.
Laura Puerto lo tuvo complicado por culpa de la endometriosis, pero su lucha y constancia le llevaron hasta sus dos mellizos.

Laura Puerto y sus ovomellizos

“A los 22 años fui a hacerme mi primera revisión ginecológica. Sin esperarlo en absoluto, me dieron la “sorpresa” de que tenía un quiste en cada ovario, y eran de tal dimensión, que se pudo diagnosticar enseguida que tenía endometriosis. Me operaron poco tiempo después por laparoscopia, y el resultado fue óptimo. Después, con anticonceptivos, pudimos mantener la enfermedad a raya durante siete años.

A mis 29, mi marido y yo decidimos que ya estábamos preparados para ser padres, y como la enfermedad no había vuelto a hacer aparición en este tiempo, nunca pensé a lo que me tendría que enfrentar en el futuro, la lucha contra la infertilidad. Tras seis meses sin lograr nuestro objetivo nos hicimos las primeras pruebas y los resultados no fueron buenos. Mi marido tenía los espermatozoides con poca movilidad, y yo la antimulleriana bastante baja. Me dijeron que si quería ser mamá tendría que ser a través de la reproducción asistida. Intentamos una inseminación artificial que, con la baja movilidad de los espermatozoides de mi marido, fue negativa.

El siguiente paso fue la fecundación in vitro. Hasta en tres ocasiones me sometí a ella, y en las tres ocasiones los resultados fueron negativos. Pero mi relación con la fecundación in vitro no solo fue una acumulación de negativos, sino que incluso la endometriosis, que llevaba ocho años sin aparecer, se había venido arriba con las estimulaciones ováricas. Otra vez vuelta al quirófano y laparoscopia para quitarme una trompa, aislarme la otra (no la pudieron quitar porque la tenía muy pegada al ovario) y limpiarme múltiples adherencias de endometriosis que habían aparecido.

Dar el salto a la ovodonación no fue sencillo. Intentaba hacerme a la idea, pero se me hacía muy duro. Siempre nos habían dicho que mi abuela, mi madre y yo nos parecíamos mucho, y yo quería que mis hijos tuviesen mi carga genética.Yo deseaba ser madre a toda costa, ¿qué importaba esa célula inicial que me tenían que donar? Yo lo iba a llevar dentro de mí, lo iba a alimentar, y sobre todo, lo iba a cuidar y querer. Sin darme cuenta, había pasado el duelo genético.

De esta forma, inicié mi primer tratamiento de ovodonación. El momento de la transfer fue muy bonito, y en cuanto me pusieron a los embriones los sentí de inmediato como míos. A partir de ahí, mi cuerpo se encargaría de ellos. Eran mis bebés.

Tras doce días de betaespera, tuve la alegría más grande de toda mi vida. BETA POSITIVA. ¡Por fin estaba embarazada! ¡¡Y por el valor podían ser dos!!

Una semana más tarde se confirmó en una ecografía que eran dos. ¡Esperaba mellizos! Y tras un embarazo complicado y un parto prematuro, la vida me hizo el mejor regalo del mundo, mis príncipes. Ahora no puedo ser más feliz”

Laura Puerto tampoco ha querido dejar su historia simplemente en eso, su historia y ha escrito el libro “Plantando cara la fertilidad”, en el que nos acerca al hecho de que muchas veces ser madre resulta más complicado que el simple hecho de elegir cuando es el mejor momento. Pero además abre una gran puerta a la ovodonación, ese tratamiento que todavía muchas familias mantienen oculto en la alcoba.

Eva María Bernal, ha sido madre soltera de tres hijos, dos gracias a la donación de embriones y un tercero a través de la fecundación in vitro.
Eva María Bernal, ha sido madre soltera de tres hijos, dos gracias a la donación de embriones y un tercero a través de la fecundación in vitro.

Eva María Bernal, madre soltera de tres y por elección

Soy mamá de tres niños nacidos por reproducción asistida. Además necesite donantes para que ellos pudieran llegar al mundo. En 2003 decidí que iba ser mamá aún no teniendo pareja, con lo cual la necesidad de un donante masculino era clara. No me preguntéis como se me ocurrió dar este paso, porque yo nunca había pensado en la posibilidad de ser madre soltera por elección, pero tras terminar una relación, me di cuenta de que yo lo que quería era ser madre ya y no seguir dándole vueltas intentando encontrar una pareja con la que ver si funcionaba la relación para luego poder plantearnos tener hijos. Ya no me daba tiempo a todo eso: tenía 36 años. Me costó año y medio de tratamientos lograr el positivo que acabó trayendo a Rodrigo, mi hijo mayor.

A los cuatro meses de haber nacido él, me puse en contacto con la clínica para ver si quedaban muestras de mi donante, ya que había decidido intentar tener otro hijo.Sólo quedaba una muestra y estaba reservada pero se pusieran contacto con él y nuestro maravilloso donante aceptó volver a donar. Dos años después de nacer Rodrigo, empecé los tratamientos.

La donación de óvulos nunca había sido una opción para mí, era un universo paralelo, pero yo creo que sobre todo por que a mi hijo lo tuve tras la primera FIV y está convencida de que lo podía conseguir.
No obstante no me costó, no fue duro; fue un proceso en el que supe que o aceptaba el salto a donación de óvulos o me quedaba sin la posibilidad de aumentar mi familia.Como además tenía guardadas muchas muestras del donante masculino de mi hijo, sentía que seguía habiendo un nexo genético y quizás esto me lo hizo más fácil.Llegué a realizar tres donaciones de óvulos completas, transfiriendo los embriones de uno en uno por que no quería tener un embarazo múltiple, así es que me dio para otros dos años de tratamientos.

A pesar de que conseguí tres positivos durante esos dos años y los perdí yo estaba convencida de que podía volver a lograr un buen embarazo que llegara a término, pero os podéis imaginar que además, tras cuatro fecundaciones in vitro completas y tres ovodonaciones mi estado de ánimo y mi economía estaban hundidos. No obstante decidí darme una última oportunidad. A lo largo de los tres años yo había cambiado de clínicas y de médicos, así es que decidí hacerlo una vez más y probar con el último escalón de la reproducción asistida: la adopción de embriones.

Si la donación de óvulos estaba lejos de a lo que yo pensaba que podía llegar algún día, este tratamiento ya sí que se escapaba de todo.Había renunciado a mis óvulos y ahora renunciaba también al donante masculino de mi hijo mayor. En esta nueva clínica me hicieron algunas sencillas pruebas más y me pusieron una medicación que a ellos les funcionaba muy bien en casos como el mío: un mes y medio después estaba embarazada de Martín y Aitana.

¡Era increíble! Pero ahí estaban ellos creciendo a tope desde el primer día.
En principio yo solamente sabía que mis donantes tenían 30 y 35 años pero al cabo de un tiempo conseguí que en la clínica me dieran más información y así me enteré de que era una pareja que había necesitado donación de óvulos.

Creo que mi historia es bastante compleja y a pesar de que yo ya les voy contando a los niños todo lo que ha pasado, lo hago a un nivel muy básico. Según vayan creciendo las explicaciones se volverán más complejas y estoy abierta a lo que pueda venir. No sé cómo van a vivir todo esto mis hijos cuando sean mayores, por que pesar de yo tenerlo muy trabajado, ser abierta con ello y decirles siempre la verdad, serán ellos, cuando sean jóvenes o adultos los que hablen o actúen.

Al poco de nacer los pequeños, decidí profesionalizar toda mi experiencia en una página web llamada Creando una familia. Fueron muchos años, muchos tratamientos, muchas situaciones y creo que tengo mucho que aportar. De hecho el asesoramiento a personas que necesitan donación es uno de mis preferidos. La donación de gametos es un tema del que a mí me sigue emocionando hablar.”

Eva María Bernal ha escrito ya tres libros: “Mi maternidad asistida”, “Ser madre por donación de embriones” y “Madres solas por elección”.

Ha escrito una joya, "la mirada de Silvia Jie" para todas aquellas que deseen ser madres adoptivas.
Ha escrito una joya, “la mirada de Silvia Jie” para todas aquellas que deseen ser madres adoptivas.

Noemí Tovar. El reto de ser madre adoptiva.

Nunca dudé en ser madre. Desde niña lo tuve claro, lo sería como todas o casi todas las mujeres. Siendo joven, seguí pensando que sería madre en el momento que eligiera serlo. Y acabé siéndolo pero de una preciosa niña china a la que adopté después de un camino sinuoso lleno de acontecimientos inesperados. No dejo de sentir gratitud por este regalo que me ha hecho la vida. La adopción fue la opción que mejor se me presentó para sentirme y sentir la “maternidad”.

A veces me han preguntado si quiero a mi hija como si fuera “mía”, y yo he respondido: -“Mire, yo no sé lo que quiere Ud. a la suya, que me imagino que es biológica, pero le puedo asegurar, que no la quiero menos que Ud. a la suya… ¿Queda respondida su pregunta?

Esta es la idea que algunas personas tienen de la adopción. Yo hablo mucho con amigas mías de nuestros hijos y observo que la ternura que sentimos todas por nuestros hijos es el mismo: Amor de madre, sin adjetivos que cercenen el auténtico significado de ser madre. Existen diferentes formas de tener hijos: biológicos, con fecundación in vitro, donación de óvulos, embarazo subrogado, adoptivos…y todas tienen un denominador común que es lo que verdaderamente nos define: la forma de amar a nuestros hijos”.

Noemi Tovar, ha convertido su maternidad adoptiva en un regalo para muchas madres, biológicas y adoptivas… su mirada de madre ha calado hondo a muchos corazones y ha dado un giro de ciento ochenta grados al concepto de “madre es aquella que pare”. Su libro, “La Mirada de Silvia Jie”, es una joya literaria para todos aquellas que estéis pensando en la maternidad adoptiva.

Su llegada a la maternidad fue por gestación subrogada. Su experiencia está sirviendo para que este tratamiento de reproducción asistida termine por ser legalizarse en España.
Su llegada a la maternidad fue por gestación subrogada. Su experiencia está sirviendo para que este tratamiento de reproducción asistida termine por legalizarse en España.

Anabel Manchón. Madre por Gestación Suborgada

“Soy mamá gracias a la Gestación Subrogada. Después de sufrir un cáncer de mama no podía gestar y no me dejaban adoptar. Tuvimos que irnos fuera de España para poder recurrir a la Gestación Subrogada, ya que en España no está permitida. Vivir el embarazo en la distancia, pendientes de un correo o una llamada para conocer el resultado del seguimiento, ver la ecografía, etc. es duro, se hace muy largo…también fue duro asumir que no podría aportar mi genética (ovodonación) y aún más doloroso como mujer renunciar a gestar a mi bebé. Pero nada de eso importa ya. Después de 11 meses desde que iniciamos el proceso, nació nuestro hijo (Pingüi). Por fin soy y seré por siempre la mamá de mi Pingüi. ¡No puedo ser más feliz!

Anabel Manchon ha escrito  “Esperando a Pingüi” es un bonito cuento con el que los autores desean ayudar a otros padres en situaciones similares a la suya, para contarles a sus hijos su generoso origen:  Pingüi es un pingüinito que nos cuenta la historia de cómo sus papis consiguieron que él llegara a sus vidas. Tuvieron que hacer un largo viaje y sortear grandes peligros, pero al final consiguieron llegar a la ciudad donde vivía el Gran Pingüinólogo y una generosa pingüina, ambos les ayudarán a cumplir su sueño de ser papás.

Habláme de mí, de Isabel Ibor, permite que cada familia tenga su cuento personalizado, con su historia familiar
Habláme de mí, de Isabel Ibor, permite que cada familia tenga su cuento personalizado, con su historia familiar

Isabel Ibor, quien la persigue la consigue

La endometriosis ha marcado mi vida pero, aunque me lo ha puesto muy difícil, no ha impedido que consiga alcanzar el mayor de mis sueños, ser mamá.

A los 22 años fui a hacerme mi primera revisión ginecológica. Sin esperarlo en absoluto, me dieron la “sorpresa” de que tenía un quiste en cada ovario, y eran de tal dimensión, que se pudo diagnosticar enseguida que tenía endometriosis. Me operaron poco tiempo después por laparoscopia, y el resultado fue óptimo. Después, con anticonceptivos, pudimos mantener la enfermedad a raya durante 7 años.

A mis 29, mi marido y yo decidimos que ya estábamos preparados para ser padres, y como la enfermedad no había vuelto a hacer aparición en este tiempo, nunca pensé a lo que me tendría que enfrentar en el futuro, la lucha contra la infertilidad.

Tras seis meses sin lograr nuestro objetivo nos hicimos las primeras pruebas y los resultados no fueron buenos. Mi marido tenía los espermatozoides con poca movilidad, y yo la antimulleriana bastante baja. Me dijeron que si quería ser mamá tendría que ser a través de la reproducción asistida.

Intentamos una inseminación artificial que, con la baja movilidad de los espermatozoides de mi marido, fue negativa. El siguiente paso fue la fecundación in vitro. Hasta en tres ocasiones me sometí a ella, y en las tres ocasiones los resultados fueron negativos. Pero mi relación con la fecundación in vitro no solo fue una acumulación de negativos, sino que incluso la endometriosis, que llevaba ocho años sin aparecer, se había venido arriba con las estimulaciones ováricas. Otra vez vuelta al quirófano y laparoscopia para quitarme una trompa, aislarme la otra (no la pudieron quitar porque la tenía muy pegada al ovario) y limpiarme múltiples adherencias de endometriosis que habían aparecido.

Dar el salto a la ovodonación no fue sencillo. Intentaba hacerme a la idea, pero se me hacía muy duro. Siempre nos habían dicho que mi abuela, mi madre y yo nos parecíamos mucho, y yo quería que mis hijos tuviesen mi carga genética.

Pasaron días complicados, de asumir muchas cosas, pero ya había llorado todo lo que tenía que llorar. Lamentarme no iba a servir de nada, y era momento de buscar soluciones. Y si mi solución podía ser la ovodonación… ¡pues adelante!

Yo deseaba ser madre a toda costa, ¿qué importaba esa célula inicial que me tenían que donar? Yo lo iba a llevar dentro de mí, lo iba a alimentar, y sobre todo, lo iba a cuidar y querer. Sin darme cuenta, había pasado el duelo genético.

De esta forma, inicié mi primer tratamiento de ovodonación. El momento de la transfer fue muy bonito, y en cuanto me pusieron a los embriones los sentí de inmediato como míos. A partir de ahí, mi cuerpo se encargaría de ellos. Eran mis bebés.

Tras doce días de betaespera, tuve la alegría más grande de toda mi vida. BETA POSITIVA. ¡Por fin estaba embarazada! ¡¡Y por el valor podían ser dos!!

Una semana más tarde se confirmó en una ecografía que eran dos. ¡Esperaba mellizos! Y tras un embarazo complicado y un parto prematuro, la vida me hizo el mejor regalo del mundo, mis príncipes. Ahora tienen 16 meses, y no puedo ser más feliz”.

Isabel Libor ha querido que su historia y su deseo de ser madre traspase también las hojas de un libro y ha creado “Hablame de mí”,cuentos personalizados que buscan ayudar a las familias que necesitan ayuda para explicar a sus hijos cuál es su modelo de familia: si han perdido un padre, una madre o si necesitan saber cuál es su origen porque son adoptados, entre otras situaciones.

Virgina, que en esta foto está con María Talavera (mariatalavera.com) gracias a su libro "Fertilidad Natural" nos acerca a una vida sana antes y después de ser madres.
Virgina, que en esta foto está con María Talavera (mariatalavera.com) gracias a su libro “Fertilidad Natural” nos acerca a una vida sana antes y después de ser madres.

Virginia Ruipérez y su fertilidad natural

Virginia Ruipérez es madre de forma natural, y sin dejar de lado que muchas mujeres tienen dificultad para ser madres, sobre todo hoy en día en el que nos acercamos a la maternidad más bien tarde que temprano ha querido compartir con todas las mujeres su experiencia a través del libro “Fertilidad Natural”, es una obra que contempla la fertilidad desde el seno de la biología.

Es una invitación a ampliar nuestra mirada sobre como armonizar todo lo que conlleva la creación de una vida. Nos aporta conocimiento sobre de la fisiología de nuestra fertilidad, femenina y masculina, para familiarizarnos con nuestra fertilidad, y para desde ahí saber como respetarla, como cuidarla y favorecerla. A través de factores, de esos ingredientes de la ecuación de la biología de la fertilidad, que intervienen en la concepción de una vida.

Factores esenciales como la alimentación saludable y optima para la fertilidad, la depuración del organismo, la sexualidad fértil y el equilibrio emocional y mental positivos”.

Virginia Ruipérez González es miembro de la Sociedad europea de Medicina Naturista Clásica. Su consulta de Medicina Naturista, esta especializada en fertilidad, maternidad y salud de la mujer. Es creadora del método naturista de fertilidad natural, una propuesta de estilo de vida saludable que favorece y optimiza la fertilidad y la salud reproductiva de ambos progenitores, desde la perspectiva de la Medicina Naturista.

Autor: Rosa Maestro

Madre sola, fundadora de la web masola.org y autora del cuento "Cloe quiere ser mamá.." entre otras cosas.

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