Maternidad tardía

Pros y contras de la maternidad tardía

 

¿Madre después de los 40?

 Texto: Clínica IVI

Son muchas las mujeres que deciden tener un hijo a los cuarenta años. Existen determinados riesgos pero pueden afrontarse con la información y los tratamientos adecuados.  La Clínica IVI nos acerca un poco más a esa maternidad tardía a la que cada vez más mujeres se asoman por diversas circunstancias.

 

¿Qué es?

Definir qué es maternidad tardía no es una tarea fácil. Los expertos proporcionan una frontera indicativa de lo que debe ser entendido por “tardío” en términos biológicos. Según la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, madres tardías (o “añosas”, como se las denominaba antes) son aquellas que se enfrentan a su primera maternidad con 35 años o más.

Los embarazos en mujeres mayores de 35 años son cada vez más frecuentes. Ya no se trata de una excepción a la regla, lo habitual es que el primer hijo se tenga en torno a los 30 años y, en el caso de que haya un segundo, posiblemente se retrase unos años más, con lo que no es raro que haya madres que deciden tener su segundo o tercer embarazo cerca o cumplidos los cuarenta.

Lo que los expertos denominan maternidad tardía es un fenómeno común desde hace varios años. Aunque afecta a toda la Comunidad Europea, nuestro país se sitúa a la cabeza: según la Encuesta de Fecundidad realizada por el Ministerio de Asuntos Sociales, las españolas se han convertido en las europeas que más esperan para tener un hijo ya que el primer embarazo se sitúa casi a los 31 años. Por otro lado, desde 1995, la tasa de fecundidad es más alta en las mujeres entre 35 y 39 años que en las de 20 a 24, una situación que no se ha observado nunca en la historia demográfica española.

A partir de esta edad es conveniente llevar a cabo determinadas pruebas que detectan y tratan los posibles problemas que se asocian con la edad materna, aunque está comprobado que si el estado de salud de la madre es bueno y recibe una atención adecuada, las probabilidades de que el niño sea sano y el embarazo se desarrolle con normalidad aumentan considerablemente. Sin embargo, los riesgos aumentan con la edad, sobre todo hay más riesgo de abortos en el primer trimestre, anomalías fetales, diabetes gestacional, preeclampsia, retraso del crecimiento fetal y parto por cesárea. Estas complicaciones aumentan sobre todo a partir de los 40 años y cuando ya existe alguna patología de base materna como hipertensión crónica, problemas renales, diabetes mellitus, etc.

 

El mejor momento

En términos estrictamente fisiológicos, el mejor momento para ser madre se sitúa entre los 20 y los 24 años, ¿pero es este el mejor momento desde el punto de vista emocional o vital?

La maternidad se retrasa por muchas causas, pero las últimas encuestas destacan especialmente la situación laboral. Las mujeres se plantean tener un bebé cuando ya se ha consolidado su situación económica, objetivo que actualmente se consigue bastante tarde.

Además, el aumento de los divorcios y los segundos matrimonios provoca que muchas mujeres  con hijos de la primera pareja decidan tener otro con su segundo compañero, una decisión que no se suele tomar antes de los 35 años.

Por último, durante las últimas décadas, las técnicas de reproducción asistida han progresado muchísimo, pero sigue siendo una opción que se retrasa. La pareja que durante años no ha podido concebir suele optar por estos métodos a partir de la tercera década de la vida con lo que en el caso de que se logre el embarazo, es muy probable que sea a partir de los “treintaytantos”.

Según los estudios realizados sobre los nuevos modelos familiares, las madres maduras presentan rasgos comunes: a medida que se incrementa la cualificación laboral aumenta la media de edad para quedarse embarazada; son, con frecuencia, trabajadoras con una alta cualificación, con un buen nivel de formación, muchas veces con un buen puesto de trabajo y una situación estable desde el punto de vista afectivo.

… aunque con algunos problemas

Sin embargo, las madres mayores deben enfrentarse a otras tantas preocupaciones. Además de los riesgos estrictamente médicos, son conscientes de que difícilmente podrán tener una familia numerosa y esto hace que, en algunas ocasiones, se tengan embarazos muy seguidos para evitar entrar en el tramo de edad en el que es muy difícil quedarse embarazada.

– A más edad, hay más posibilidades de haber padecido alguna enfermedad. Trastornos como la hipertensión, la diabetes o la hipercolesterolemia (colesterol alto) se dan con más frecuencia también durante el embarazo. Existe más riesgo de fibromas, tumores benignos del útero que, sin causar ningún peligro, pueden retrasar la gestación si su tamaño es grande.

– Aumento del síndrome de Down. Las posibilidades que tiene una mujer de tener un hijo con este problema se multiplican si es mayor de 40 años. Los datos que se dan a continuación son los consensuados mundialmente: a los 20 años el riesgo aproximado es de 1 de cada 2000; a los 30, 1 de cada 900; a los 35, 1 de cada 400; a los 40, uno de cada 100 y a los 45, 1 de cada 30.

Las anomalías cromosómicas aparecen con más frecuencia porque los óvulos de las mujeres son también más viejos.

– Crecimiento fetal retardado y placenta previa. Parece que se da con más frecuencia en las mujeres mayores por lo que será necesario realizar más ecografías para actuar cuanto antes.

Vigilancia “intensiva”

La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia es clara cuando se refiere al seguimiento del embarazo de una mujer mayor de 38 años: “Debe ser vigilado como un embarazo de riesgo y en especial si la madre padece hipertensión, diabetes u obesidad”. De cualquier forma, las pruebas que se hacen a una madre mayor no difieren mucho de las que se llevan a cabo en los considerados embarazos normales.

– Ecografías. Se hacen, como mínimo, una por trimestre. La más importante para detectar alguna malformación grave es la que se realiza entre la semana 11 y la 14. Además de confirmar si el feto tiene un tamaño apropiado a la edad gestacional se mide el pliegue nucal. Si esta zona de la nuca es mayor de 3 milímetros, aumentan las posibilidades de que el feto tenga síndrome de Down. Casi el 85 por ciento de los casos se pueden diagnosticar mediante esta prueba. Si existiera la menor duda, es recomendable la amniocentesis

Triple screening bioquímico. A través de un análisis de sangre se determina la presencia de tres hormonas: la alfafetoproteína (AFP), la gonadotropina coriónica (Gch) y el estriol no conjugado (iE). Se realiza en la semana 16 y ayuda a calcular el riesgo de anomalías cromosómicas según las cifras que se han dado y la edad de la madre.

– Amniocentesis. Es la prueba más eficaz y extendida para detectar no sólo el síndrome de Down sino otras tantas anomalías cromosómicas. A partir de los 35 años (en algunas Comunidades Autónomas a partir de los 38) es una prueba gratuita y recomendada. La técnica es relativamente sencilla: a través de la pared abdominal el médico extrae una prueba del líquido amniótico que se analiza para conocer la existencia de alguna anomalía cromosómica. El riesgo de abortar es muy pequeño y el proceso sólo dura unos minutos. Luego, en casa, hay que mantener dos o tres días de reposo…y esperar con paciencia los resultados que suelen llegar a las dos o tres semanas.

 

Preparadas para el embarazo. CONSEJOS SALUDABLES

Si has tomado la píldoraanticonceptiva durante años, es recomendable dejar de hacerlo y esperar algunos meses antes de quedarte embarazada. A pesar de que algunos estudios sugerían que utilizar este métodoanticonceptivo podía retrasar la fecundación, hoy sabemos que no es una causa directa.

La alimentación debe cuidarse incluso antes de estar embarazada. Parece que las dietas bajas en calorías pueden retrasar la fecundación. El tabaco y el alcohol hay que abandonarlos totalmente.

Por ultimo, es recomendable realizar algún tipo de ejercicio. Estar en forma aumenta las posibilidades de concebir y beneficia el curso del embarazo y el desarrollo del parto.

¿SABÍAS QUE…?

En un estudio realizado recientemente en el Hospital General de Toronto se compararon los estados de ánimo de embarazadas jóvenes con futuras mamás mayores. Éstas últimas presentaban mucha menos angustia durante el embarazo a pesar de que eran conscientes de que los riesgos eran más importantes. También parece que están mejor preparadas para asumir las tarea de educar a los niños, viven su embarazo con más tranquilidad y consideran esos nueve meses como los mejores de sus vidas.

EL DATO

Y es que a partir de los 28 años la fertilidad en la mujer va disminuyendo poco a poco. Una joven de 23 años tiene un 95 por ciento de posibilidades de quedarse embarazada en dos o tres meses; a medida que se acerca a los 40 se reducen a un 75 por ciento o más.

Autor: Rosa Maestro

Madre sola, fundadora de la web masola.org y autora del cuento "Cloe quiere ser mamá.." entre otras cosas.