Donación de óvulos en Mujeres Solteras, ¿la primera o la última de las opciones?

Donación de óvulos en mujeres solteras

Donación de óvulos, ¿la primera o la última de las opciones?

Giuliana Baccino, PhD
Clínica FivMadrid

Madres Solteras ante la donación de óvulos

En el año 1978 nace Louise Brown, primer niño producto de la Fecundación in Vitro (FIV). A partir de entonces, más de cinco millones de niños han nacido por tratamientos de reproducción asistida (TRA), algunos utilizando óvulos y espermatozoides de los propios pacientes, y otros con donación de gametos.

Giuliana Baccino /Psicóloga Fiv Madrid

Este elevado número de nacimientos ha suscitado numerosos estudios que exploran diferentes aspectos del desarrollo de estos niños: cognitivo, neuromotor, de comportamiento, afectivos, entro otros. Estudios mayoritariamente realizados en niños producto de la ICSI.

La ICSI (inyección intracitoplasmática), es una de las técnicas de laboratorio utilizadas para generar embriones, y que consiste en la inyección manual de un solo espermatozoide dentro del óvulo, a diferencia de la FIV (otra técnica de laboratorio) donde se dejan varios espermatozoides cerca del óvulo a la espera de que entre espontáneamente “el más apto”. Ambos procedimientos se realizan en laboratorio, pero uno resulta más intrusivo que el otro.

Es por esto que, la indicación de realizar ICSI, su seguridad y los potenciales riesgos para el recién nacido, han sido y continúan siendo, objeto de múltiples debates. Algunos autores sugieren que las enfermedades o complicaciones que puedan presentar los niños nacidos de FIV/ICSI no necesariamente son debidos a la propia técnica, sino a los problemas reproductivos de sus padres, algunos relacionados directamente con la edad (Pinborg y cols. 2013, Alastair y Ludwig, 2007).

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Por tanto, podríamos afirmar que una de las razones vinculadas a las complicaciones del recién nacido, es aquella relacionada con la edad materna, que en muchos casos coincide con la edad del óvulo. Es decir, cuando una mujer mayor de 40 años elige tener la posibilidad de tener un hijo genéticamente vinculado, también debe ser consciente de los riesgos genéticos que esto podría acarrear en el niño.

La incidencia de malformaciones y cromosomopatías fetales aumentan con la edad materna. Por ejemplo, la incidencia de síndrome de Down a los 20 años de la mujer es de 0.08%, sin embargo, en una mujer de 39 años es el 1%, a los 40 años el 1.2%, y a los 45 años, 4.5%.

En la actualidad, se hace un screening obstétrico para detectar estas anomalías. En caso de que no se quiera continuar con el embarazo si se presenta por ejemplo, un feto malformado, la alternativa es el aborto. Después de un aborto, muchas mujeres no pueden siquiera pensar en repetir esa experiencia tan dolorosa. En estos casos, la realización de un diagnóstico genético pre-implantacional (DGP) o la donación de ovocitos, disminuyen el riesgo de malformaciones en el feto.

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Es decir, una de las posibilidades de disminuir estos riesgos, si se realiza un TRA, es utilizar óvulos de donante, o sea, no estar genéticamente vinculada al niño, con la ventaja de que el niño tiene menos riesgos de padecer algunas complicaciones propias de la edad avanzada del óvulo.

Sin embargo, la utilización de óvulos de donante suele verse como la última de las opciones. La mujer habitualmente prefiere que su hijo esté genéticamente vinculado a ella y así poder ver realizado su sueño plenamente: tener un hijo y además que se parezca físicamente a ella, entre otras cosas.

Cuando no se logra un embarazo espontáneamente, tener que recurrir a un Centro de Reproducción Asistida para tener un hijo es indudablemente una fuente de estrés. Este deseo de las futuras madres no debería verse como un capricho, sino como una elección difícil de descartar cuando existen posibilidades de gestación, aunque éstas sean mínimas. A su vez, la sociedad en la que vivimos, tampoco ayuda a que estas madres opten más fácilmente por la utilización de óvulos de donante. Una persona rápidamente acepta una donación de sangre o de médula para salvar su vida, pero cuando la donación trae consigo carga genética transmisible, es otra cosa.

Por otra parte, tampoco la utilización de óvulos de donante es la panacea. Son muchos factores los que se deben evaluar, por ejemplo, el niño no tendrá la posibilidad de parecerse físicamente a su madre, no tendrá la posibilidad de conocer la identidad de la donante, su madre deberá hacer un duelo por la desvinculación genética con su hijo y aceptar que muchas cosas que podrían transmitirse genéticamente, ella no las transmitirá a su hijo.

Sumado a todo esto, está el factor económico, no menos importante. El hecho de tener que recurrir a un TRA para tener un hijo, muy frecuentemente está relacionado con una inversión económica. En ocasiones, esta inversión sólo puede realizarse una vez, es decir, económicamente muchas personas sólo pueden permitirse uno o dos ciclos. Por tanto, la decisión de una mujer mayor de 40 años y en estas circunstancias económicas, también debe valorar el factor económico relacionado con el tratamiento.

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La clave para la decisión es la reflexión, acompañada de un profesional que pueda guiar a la paciente hacia qué resultaría mejor para su caso en particular y qué duelos debería realizar para llegar a una toma de decisión segura y meditada. La pregunta sería ¿me arriesgo a tener un hijo genéticamente vinculado a una edad avanzada, o elijo recurrir a donación de óvulos y renunciar al vínculo genético?

No es una pregunta sencilla ni rápida de responder, y ha de ser valorada en un análisis costos-beneficios emocionales, físicos y económicos, que derivan de la complejidad de tener un hijo con un TRA a una edad materna avanzada.

Autor: Rosa Maestro

Periodista, comunicadora, madre sin pareja con donante de esperma y por adopción internacional, fundadora de la web masola.org y autora de los cuentos infantiles #reproducciónasistida "Cloe quiere ser mamá..", "Nora y Zoe, dos mamás para un bebé" y "Lucía y e cofre mágico de la familia".