La donación de óvulos y esperma, un secreto mal guardado

donación de gametos

La reproducción asistida ha sido durante décadas un tema tabú. Muy poco se sabía de ella hasta hace más o menos una década. Las clínicas casi se mantenían ocultas y sus pacientes pedían hasta que no se les enviase correspondencia por si algún vecino o pariente descubría el origen de sus hijos. Parece inaúdito que esto haya ocurrido y que, aún ahora aunque en menor medida, siga sucediendo. En la misma encrucijada se encuentra hoy en día la donación de gametos, una técnica de reproducción asistida que muchas personas y parejas prefieren ocultar a sus hijos, al igual que durante muchos años ocurrió con la adopción. La cuestión es si es bueno ocultarlo o es mejor contarlo.

Rosa Maestro

Un secreto familiar oculto durante años ha sido el de la adopción de los hijos. Las parejas incluso buscaban que los menores fuesen lo más parecidos a ellos para no tener que dar tantas explicaciones y los menores convivían con el secreto familiar años y años.

Dos secretos que comenzaron a salir del armario… quizá presionados por la sociedad y los medios de comunicación. La adopción se vio abocada a ello cuando los padres biológicos o los hermanos biológicos comenzaron a copar los magazines de tarde de nuestras televisiones buscando a sus hijos o hermanos.

Fue entonces cuando ese criterio acerca del secreto que “había que guardar para preservar la felicidad del menor” cambió radicalmente en las mesas de los gabinetes psicológicos y, en la actualidad, a pocos se les ocurre pensar que lo mejor es no contar al hijo que es adoptado, sino todo lo contrario, que es facilitar toda la información posible, hablar con naturalidad de su adopción y enfocar la maternidad adoptiva dependiendo de la edad.

La reproducción asistida sale del armario con lo que se ha venido a denominar, y mal denominado, fenómeno de las “madres solteras por elección”. Y digo mal denominado porque ni es un fenómeno ni una tendencia sino elecciones de vida que favorecen el avance de nuestra sociedad. Las mujeres que eligieron ser madres sin pareja gracias a la donación de esperma empezaron a copar los medios de comunicación y a hablar con naturalidad de su maternidad y no solo eso, pusieron encima de la mesa el derecho y la bondad de contar a sus hijos su origen. Tampoco había mucho merito en ello, ya que la falta de la figura del padre hacía necesario explicar el por qué.

Hablar abiertamente de los orígenes

Y es cuando se comienza a hablar abiertamente de si contar o no, de si revelar los orígenes o no, ya que no solo son las madres solteras por elección, también entran otros modelos familiares como las familias de dos mamás que también se deben a una explicación, o las familias de dos papás que también tienen que hablar con sus hijos de su gestación subrogada. Y comienzan a publicarse lentamente cuentos y libros que hablan de ello, que ayudan a los padres y a las madres a hablar de ello.

Y a todo esto nos encontramos con que la maternidad cada vez es más tardía, que los problemas de fertilidad cada vez son mayores y que la donación de gametos o embriones cada vez son más habituales. Y aparecen las parejas que necesitan recurrir a ello, cada vez más numerosas porque el 60 por ciento de las mujeres mayores de 40 años necesita recurrir a la donación de óvulos y evidentemente la calidad del esperma también se ve mermada con los años.

Sin embargo, pese a que es una técnica de reproducción asistida cada vez más habitual, son pocas las parejas que están dispuestas a contar a sus hijos la verdad de su origen. El peso del ADN es todavía mucho mayor en nuestra sociedad de lo que a priori se piensa. La justificación de “por la seguridad del hijo” esconde muchos miedos y prejuicios sociales: miedo al entorno más cercano, miedo al que dirán, miedo al rechazo del entorno hacía la pareja y miedo al rechazo del menor.

Sin tener que ser una verdad a gritos, muchos psicólogos recomiendan hacer participe al hijo de sus orígenes a partir de cierta edad, en torno a los tres-cinco años. Los motivos son muchos, y por enumerar algunos hablan de:

  • El secreto se mantiene en el entorno cercano mientras las relaciones de los adultos funcionan. Un divorcio, una discusión con un familiar cercano puede hacer que se cuente la verdad por arrebato.
  • Puede que en un momento de su vida, alguien del entorno cercano que conozca su origen se lo transmita y que esto se produzca antes de que los padres lo hagan.
  • En el transcurso de una consulta médica pueden preguntar antecedentes de enfermedades… consultas rutinarias o no, y los padres se tienen que ver obligados a mentir delante del menor una información que no se debe ocultar al facultativo.
  • Si el hijo descubre su origen en la adolescencia, la información oculta puede afectar a su conducta.
  • Con la verdad se va a todas partes, la mentira siempre se termina descubriendo, pocas veces se mantiene oculta toda la vida.
  • La propia persona es la primera que tiene derecho a saber sobre su origen. Al final siempre hay personas en el mundo que son conocedores de una información sobre sí mismo que uno desconoce: clínica, ginecólogo, laboratorio, padres, abuelos. ¿Es justo que otros conozcan algo sobre uno mismo que uno mismo desconoce?

 

Imponer a los demás cómo tienen que hacer o dejar de hacer sus vidas no es bueno. Cada cual finalmente decidirá lo que crea mejor, pero sería bueno que nos parásemos a pensar si la ocultación de la verdad sobre los orígenes por donación de gametos no se encuentra en la actualidad en el mismo punto que hace décadas se encontraba la ocultación de una adopción, lo que podría servir como experiencia para entender que crecer con el conocimiento de la verdad es más saludable emocionalmente que crecer con una mentira a las espaldas.

Autor: Rosa Maestro

Periodista, comunicadora, madre sin pareja con donante de esperma y por adopción internacional, fundadora de la web masola.org y autora de los cuentos infantiles #reproducciónasistida "Cloe quiere ser mamá..", "Nora y Zoe, dos mamás para un bebé" y "Lucía y e cofre mágico de la familia".

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