He vuelto a volar…

He vuelto a volar

La primera vez que volé tenía apenas unos meses. Viajaba con mi madre, en un Caravelle, iba a ver a mi familia a cataluña…bueno, mejor dicho, mi familia de Cataluña iba a verme a mí. Desde entonces el avión ha estado siempre presente en mi vida, forma parte de mi vida, a veces de forma impensable porque cuando me he querido alejar de él, siempre encuentra la forma de volver a aparecer.

Por Rosa Maestro @rmaestrom @Masola_Org

El avión y yo somos como una pareja de esas que se dan mil y una oportunidades. Nuestra relación de amor y odio es apasionante, aunque cierto es que nos hemos querido mucho más que odiado.

Ahora estamos en una fase de amor pasional. Me encanta volar y lo he vuelto a hacer. Un nuevo vuelo en mi vida…

Amaneció gris, muy gris, y lloviendo…. Con niebla vas a volar, dijo mi padre. Si, ya lo sé, pero no me importa… con lluvia, con nieve, con niebla… ¡ voy a despegar ¡, ¡quiero despegar!…

Llovía y mucho…las gotas de agua recorrían como ríos buscando su cauce por la ventanilla. El avión despegó… todo gris…desaparece la lluvia..todo gris, todo blanco, todo triste, todo melancólico, todo silencio..

Nabila coge una revista llena de mapas y me pregunta: ¿qué es este trocito tan pequeño y separado? “Islandia, cariño, es un país que se llama Islandia”…Alba, mira este trocito es Aislancia…y fijáte ¡qué pequeño!…ahí solo puede vivir una casita y una familia…

La miro y sonrío…Es tan pequeño como mi corazón en estos momentos, tan frío como mi cuerpo en estos momentos, y está tan lejos como mis sentimientos en estos momentos…

Me gusta mirar por la ventanilla. ¡Me encanta y me relaja! Si no puedo volar en ventanilla, no es lo mismo. Pero esta vez tuve suerte, casi siempre tengo suerte…

A lo lejos, por fin, el primer rayo de sol. Siempre aparece, siempre vuelve… Antes me daba pavor despegar en medio de la lluvia, de la nieve, de la tormenta.

Ya no, ahora me encanta volver después del mal tiempo a ver los rayos del sol…. Cada vez más sol, más claridad y abajo, ahí abajo quedan las nubes.

Pongo mi mano en la ventana. Lo hago siempre. Me gusta pensar que ahí fuera, a tanta altura, están todos los que he amado y querido y que un día dejaron mi mundo.

Si cierro los ojos siento que al otro lado del cristal juntan sus manos con las mías. La primera vez que lo hice fue para sentir la mano de mi abuela, hacía tanto tiempo que no la sentía acariciarme; ahora son muchas las manos que siento al otro lado de la ventanilla, cada vez más. 

La de mi amigo Julio es una de esas manos. Con mi amigo Julio hice muchos viajes… sobre todo muchos viajes en los que volar me encogía el espíritu desde que despegaba hasta que aterrizaba…y !que contar de las turbulencias!

Recuerdo una vez que volamos en un avión de un país árabe y nada más despegar algunos viajeros se dispusieron a rezar, en dirección a la Meca. ¡Dios Santo!, le dije yo… !no tenemos nada que hacer porque rezan a un Dios que no es el nuestro!.

Su carcajada fue infinita. Otra vez, en una noche oscura y lluviosa antes de despegar un gato negro se cruzó por delante del avión, en un aeropuerto de esos que llaman de mala muerte.

¡Vaya suerte!, dije yo…!lo tenemos crudo… se nos acaba de cruzar un gato negro y encima lo he visto!…Me miro estupefacto y dijo…¿cómo puedes creer en semejante estupidez?

Si, ha habido momentos en mi vida que mi relación con el avión ha sido estúpida.

Los viajes en avión son para mí como la vida misma y cada viaje es querer reencontrarme de nuevo con la verdad, esa verdad que muchas veces en el día a día, se me olvida. La verdad cambia como cambian los viajes.  

Despegar es comenzar algo nuevo, y si se despega en medio de una tormenta, es para volver a ver el sol, para volver a ver la vida, desde ahí arriba y comprender que lo que me ahogaba no cabía más que en un vaso de agua.

Luego tiene su momento de calma y de sueño, porque hay momentos de mi vida en los que me he dormido, o simplemente he querido descansar, y más tarde el momento de lectura o aprender, seguido del de buscar todo aquello que quiero ver, que voy a visitar, que voy a hacer, que voy a disfrutar…como en la vida, todo aquello que aún nos queda por vivir…luego echo un vistazo a mis compañeros de viaje, el presente, con quienes estoy…,y en seguida…la mirada por la ventanilla…una toma de contacto con el pasado y con mi vida actual…por último, el aterrizaje, o el cambio…aquello que voy a empezar a vivir

Me gusta volar, incluso en los momentos en los que me ha dado miedo me encantaba volar…El miedo y los estados de ánimo tienen mucho que ver en mis viajes en avión, en mi amor u odio por él, en mi viaje en la vida…

Ahora ya duermo en un avión, río, sueño, disfruto…quizá sea porque mi estado de ánimo me dice que estoy más segura de mí misma, que me quiero más, que no me da miedo descubrir la verdad y que me gusta vivir…Y para vivir, para poder vivir…hay que echarse a volar.

Autor: Rosa Maestro

Periodista, comunicadora, madre sin pareja con donante de esperma y por adopción internacional, fundadora de la web masola.org y autora de los cuentos infantiles #reproducciónasistida "Cloe quiere ser mamá..", "Nora y Zoe, dos mamás para un bebé" y "Lucía y e cofre mágico de la familia".

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