Iki Robles nos cuenta su maternidad por ovodonación de dos mellizos

Madre por ovodonación
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Iki García fue madre soltera por elección de mellizos

Madre por ovodonación. De pronto, un día, el instinto de la maternidad llega. Pero pasan las semanas, los meses y hasta los años, y el deseo de ser madre se ve frustrado.

El ginecólogo da la respuesta a tanta incertidumbre; los óvulos propios no fecundan. Las emociones confusas se agolpan en el corazón y, por primera vez, se menciona la palabra ovodonación. Los óvulos de otra mujer podrían alcanzar el deseo de ser madre. No son los genes propios pero, ¿y qué?

Por Rosa Maestro @rmaestrom @Masola_Org

Esta es la situación por la que pasó Iki Robles, y por la que pasan cada vez más mujeres. Una maternidad tardía, un problema de fertilidad…

Sin embargo, la nueva Ley de Reproducción Asistida española, una de las más avanzadas de Europa, ofrece una última oportunidad: el óvulo donado. Iki García es psicóloga y madre de dos mellizos por ovodonación, además modera el foro de psicología de ovodonación.foroes.net.

.- ¿Por qué y cuándo decidiste recurrir a la ovodonación?

“Cuando por fin me decido a ser madre, me di cuenta de que no me quedaba embarazada con mi pareja actual.

Decidimos entonces acudir a la consulta de infertilidad de la seguridad social, donde me realizaron una analítica que diagnosticó una alteración en mis valores hormonales, pero no me dijeron nada más. Tenía en ese momento 40 años.

Por otro problema de mi pareja nos derivaron a otra comunidad autónoma donde me rechazaron a mí por tener ya en ese momento 41 años.

Entonces acudí a una clínica privada de la que ya tenía muy buenas referencias, donde estudiaron la analítica de la sanidad pública y me dijeron que era difícil que me quedase embarazada con mis óvulos.

Me llevé un chasco gordísimo, pensaba que lo de las hormonas tenía solución. El ginecólogo me habló claro, sin rodeos y me dijo que podía intentarlo con mis óvulos, pero que dependía del dinero que estuviese dispuesta a gastar y de los intentos que pudiera hacer, que las probabilidades eran escasas.

Entonces me habló de ovodonación y sus posibilidades. Yo me mostré reacia y le pregunte que él en mi caso qué haría. Me dijo que ovo directamente. Me quise morir.

Mi pareja estaba decidida desde el primer momento pero a mí me costó asimilarlo. Recuerdo que era a finales de octubre de 2006 y no volví a la consulta hasta enero de 2007”.

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.- ¿Qué información obtuviste?

“En esa misma visita el médico me habló de las probabilidades de ovo en cada intento, que eran las más altas, alrededor de un 50 por ciento (otros médicos hablan de un porcentaje mayor pero él me dijo eso).

Me llevé tal disgusto que no recuerdo bien el final de la visita. Me dijo que las donantes se seleccionaban en función de la raza, color de pelo, ojos y grupo sanguíneo si era posible. Nada más.

Es un buen facultativo pero no me dio demasiada información.  Yo tampoco hice muchas preguntas, la verdad, me sentía bloqueada pero a la vez pensaba que no era necesario preguntar, que eso era lo que había.

Tampoco vi necesario hacer muchas preguntas después. ¿Para qué? Se trataba de algo que ya no estaba bajo mi control y sentía que debía dejarme llevar por el ginecólogo y confiar en él.

También me dijo que había lista de espera en el momento en que me decidí. Me sorprendía muchísimo que, con lo que soy yo, no me entrasen ganas de preguntar nada. Lo único que hice fue dejarme guiar por lo que el médico me iba diciendo en cada momento que tenía que hacer.

Nada más.  Posteriormente he obtenido mucha información a través de Internet y de los foros de infertilidad. Cuando me quedé embarazada me dijeron la edad de la donante, 22 años, porque pregunté si creían que debía hacerme la amniocentesis. Debido a su juventud, y a que eran gemelos, decidí no hacerla”.

.- ¿Cuántos intentos hiciste antes de conseguir el embarazo?

“El primer intento lo hice en abril de 2007 y fue negativo. El segundo en junio del mismo año con legrado en agosto por aborto diferido. El tercero fue en febrero de 2008.

En este me quedé embarazada de gemelos dizigóticos, mellizos. En los dos primeros intentos me pusieron dos embriones en cada uno. En el tercero me pusieron tres, porque aunque era el último intento que me había propuesto, acariciaba la idea de quedarme de gemelos dada mi edad, 43 años y no quería tener un hijo único.

Además, pregunté por las probabilidades de que se quedaran los tres, que eran muy bajas. En noviembre nacieron mis mellizos, niño y niña, y que son lo mejor que me ha ocurrido en la vida”.

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.- ¿Qué sabes de la donante?

“Muy poco, la verdad. El caso es que, cuando iba a consulta, veía a algunas mujeres que yo sabía que eran donantes. Sé que son jóvenes, que la edad máxima para donar son 35 años, que la mayoría son estudiantes, sobre todo de enfermería, y que cobran unos mil euros en cada donación.

También sé que algunas donan más de una vez. Que les hacen exámenes médicos, pero no sé exactamente cuáles y que tienen que rellenar varios cuestionarios.

Lo que sí sé es que se trata de mujeres muy generosas, porque el tratamiento es pesado de llevar a cabo y gracias a ellas, mujeres como yo tenemos la posibilidad de concebir. Lo que hacen por nosotras es tan valioso que no tiene precio”.

.- ¿Le contarás a tus hijos su origen?,  y ¿A quienes más has hecho participes?

A mis hijos se lo contaré como un cuento cuando les hable de cómo vinieron al mundo, espero hacerlo bien prontito, de pequeñitos, e ir adecuando la información a su edad. Opino que ellos tienen derecho a conocer esa parte de nuestras vidas y que yo no soy quien para ocultarlo.

Con respecto a los demás, me han pasado tantas cosas en mi vida, tan fuertes que, a estas alturas, ya no le doy importancia al qué dirán. Se lo he contado a mis padres, a mi único hermano, a un primo, a una tía y a algunas de mis amigas más íntimas.

Soy consciente de que se corre la voz a mis espaldas y que soy fuente de comentarios pero es que no me importa ni lo más mínimo. Mi madre no lo entiende, dice que no lo debería haber contado a los que lo saben, pero no me ha dicho ni me ha demostrado que ella prefiera no saberlo.

La verdad es que todos sin excepción lo han aceptado fenomenal. Mis padres adoran a sus nietos y no he notado nada distinto en ellos, aunque sé que mis hijos despiertan curiosidad en quien lo sabe. Tampoco he tenido que escuchar comentarios de ningún tipo por ahora.

Sin embargo, la familia de mi pareja no lo sabe. No tengo mucha confianza con ellos porque les veo poco y mi pareja prefiere no decirlo. No ve la necesidad y yo le respeto”.

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.- Si algún día tus hijos dijesen que quiere conocer a su donante porque la ley se lo permite… ¿cual sería tu reacción?

“La verdad es que dudo de que puedan obtener esa información cuando sean mayores, ya que las leyes no suelen tener carácter retroactivo.

Si mis hijos me dicen que les gustaría conocer a la donante lo comprenderé perfectamente, les preguntaré los motivos, indagaré qué fantasías hay detrás de ese deseo y que sus expectativas sean realistas porque, suponiendo que pudieran acceder a esa información, cabe la posibilidad de que la donante no quiera conocerlos a ellos y eso es algo con lo que tienen que contar y respetar.

Pero en el caso de que se pudiese y que la donante estuviese de acuerdo les respetaría, lo aceptaría, siempre que ellos tengan bien claro que no se trata de su otra madre, sino de la persona que donó unas células para que su madre y su padre pudieran traerlos al mundo.

Y haría lo posible para que ese encuentro no representase un daño emocional que nos perjudique como familia. Pero sí, respeto la idea de dejarles indagar si se puede y están en su derecho.

Por ahora no lo están, y eso es algo que, si todo sigue como ahora, tendrán que asumir si les surge este deseo.  Acepto la posibilidad de que, cuando tengan la madurez necesaria para comprender realmente lo que supone la ovodonación, les suponga algún problema, pero aquí estaremos su padre y yo para ayudarles a superarlo con todo nuestro cariño”.

La psicología diferencial ha tratado de esclarecer qué corresponde a la genética y qué al ambiente con estudios de gemelos adoptados y separados e hijos adoptados.

La conclusión es que no se puede establecer un porcentaje a la genética y otro al ambiente, pero los estudios indican que éste último tiene mucho más peso que el que puede parecer.

Le damos demasiada importancia a la genética, cuando el ambiente es capaz de modificarla. Se heredan rasgos físicos, pero no la  personalidad por completo. Estamos hablando de una célula, que, además, se mezcla con la de otro progenitor para formar un ser humano.

En resumidas cuentas, se hereda el color de ojos, piel y pelo, talla, algunas enfermedades o predisposiciones a ellas que el ambiente modifica. Cómo ser madre no se hereda, se aprende por modelado de nuestra propia madre y de lo que absorbemos viendo a otras madres.

El aprendizaje ambiental tiene un gran peso. Inclusive la propia gestación y el parto influyen en el ser que va a nacer. También se aprenden ciertos gestos, tics, expresiones, timbres de voz…

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.- Como psicóloga… ¿por que crees que todavía hay muchas mujeres reacias a la ovodonacion?

“Creo que prácticamente casi todas somos reacias a la ovodonación. Siempre digo que se trata de una situación difícil de asimilar, que en un principio supone un impacto emocional muy fuerte porque nos enfrentamos a la pérdida de nuestra función reproductora en su versión más primaria, la genética.

Perdemos la posibilidad de vernos reflejadas genéticamente en nuestros hijos y, aunque esto también puede suceder de forma natural (la genética es caprichosa), la certeza que tenemos con los óvulos de otra mujer desconocida hace que nos sintamos muy inferiores.

De hecho, el tener que recurrir a tratamientos de fertilidad ya nos mina la autoestima pero la ovodonación nos termina de rematar. También influye el miedo a lo desconocido, en este caso, la donante. Por eso tenemos que enfrentarnos a una especie de duelo y pasar por unas fases hasta llegar a la aceptación de esta realidad y llevar a cabo el tratamiento.

La duración de estas fases varía según la personalidad y las circunstancias de cada una. Existen mujeres que no logran asumirlo y prefieren no tener hijos o recurrir a la adopción, puesto que les genera rechazo la posibilidad de concebir hijos que poseen una carga genética que no es suya.

Existen además muchos prejuicios y sobre todo el miedo al qué dirán. De hecho me consta que hay más parejas que deciden ocultarlo a todos (inclusive a los propios hijos) que parejas dispuestas a contarlo.

Se trata de un tabú que todavía es difícil de romper, y prefieren utilizar mecanismos psíquicos de negación, como guardar el secreto a todo el mundo, incluso al hijo”.

.- Entonces, ¿es necesario un tiempo antes de tomar la decisión?

Creo que es mejor hacer el tratamiento con las ideas bien claras y el duelo bien elaborado porque si no es así, podrían surgir problemas de rechazo encubierto e inconsciente hacia esos hijos a medida que crecen.

En mi opinión, la ovodonación o bien la donación de semen son tratamientos que se deben de madurar bien antes de llevarlos a cabo. No debemos olvidar, además, que lo primero que hace la familia y la gente en general es buscar parecidos en los bebés desde recién nacidos.

Otra cuestión que veo que genera dudas en las mujeres es el hecho de no poder conocer los antecedentes familiares médicos de sus hijos por si el médico les pregunta para hacer la historia clínica.

El hecho de que la mujer sea desconocida también genera dudas e inseguridad. En los foros sobre infertilidad hay mujeres que preferirían que la donante fuese alguien de su propia familia, como una hermana pero en España la ley no lo permite.

También  he visto mensajes de mujeres que les gustaría poder elegir a la donante, como si dijéramos, a la carta. Esto por ahora es imposible. Hay otras a las que les gustaría tener la posibilidad de dar gracias a la donante a través de un escrito o en persona, conocer aspectos de su personalidad como gustos y aficiones para decírselo a su hijo cuando crezca si se lo pregunta, pero por ahora tampoco se puede llevar a cabo.

Incluso algunas tienen miedo de que, cuando el hijo crezca, se enamore de alguien que también proceda de la misma donante, y tengan problemas de similitud genética sin saberlo. Es decir, que surgen muchas fantasías y dudas de lo más variopinto en relación con la donación.

Por ahora la ley solamente contempla romper el anonimato en caso de que surja una enfermedad grave que requiera acudir a la donante sin otra alternativa”.

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Autor: Rosa Maestro

Periodista, comunicadora, madre sin pareja con donante de esperma y por adopción internacional, fundadora de la web masola.org y autora de los cuentos infantiles #reproducciónasistida "Cloe quiere ser mamá..", "Nora y Zoe, dos mamás para un bebé" y "Lucía y e cofre mágico de la familia".