Método ropa: una historia de amor
En la vida, las decisiones sobre la maternidad son profundamente personales y llenas de emociones. Cuando se trata de una pareja de mujeres que desean formar una familia, existen diversas opciones para cumplir su sueño. Uno de los métodos más innovadores y efectivos es el método ROPA (Recepción de Óvulos de la Pareja), que permite a ambas mujeres participar activamente en la creación de su hijo, sin necesidad de recurrir a un donante externo. A través de este método, una mujer se convierte en la madre biológica, mientras que la otra es la que lleva el embarazo. Dos mujeres, Carla y Marina, nos cuentan su experiencia personal con este proceso, que las llevó a convertirse en madres.
Carla: “Fue una decisión de amor y confianza”
Cuando Carla y Marina decidieron tener hijos, no fue fácil. Como muchas parejas, sabían que su camino hacia la maternidad sería diferente, pero también sabían que querían que ambas pudieran ser parte de la experiencia. “El método ROPA nos pareció la opción más justa”, explica Carla, quien fue la que aportó los óvulos en su historia. “Nos dio la oportunidad de compartir el proceso de formar una familia, de una manera que fuera significativa para ambas”.
Carla nunca había pensado en donar sus óvulos a otras personas, pero el concepto de hacerlo para su pareja fue algo completamente distinto. “Es algo que siento que tiene un profundo significado. No solo es donar óvulos, es dar a Marina la oportunidad de llevar a nuestro hijo. Es un acto de amor inmenso”.
La decisión no fue fácil, ya que el proceso de estimulación ovárica y la extracción de óvulos pueden ser físicamente exigentes. “Fue un proceso más complicado de lo que imaginaba, pero sabía que todo valdría la pena”, cuenta Carla. Después de una estimulación ovárica exitosa, los óvulos fueron fecundados con esperma de un donante y se implantaron en el útero de Marina, quien estaba lista para asumir el rol de madre gestante.
Marina: “Ver la sonrisa de Carla cuando vio el embarazo fue el momento más especial”
Marina, por su parte, siempre soñó con ser madre, pero jamás imaginó que este sueño se haría realidad de una manera tan única. “Cuando Carla decidió que seríamos parte de este proceso, sentí una mezcla de emociones. Estaba emocionada y nerviosa al mismo tiempo, porque sabía lo que significaba para ella darme esa oportunidad”, dice Marina.
El proceso de embarazo para Marina fue diferente al de muchas otras mujeres. No solo estaba experimentando los cambios típicos del embarazo, sino que también llevaba consigo la responsabilidad de ser el hogar para el hijo biológico de Carla, aunque la conexión emocional era igual de profunda.
“Cuando supe que estaba embarazada, fue un sentimiento indescriptible. Sentía que era un regalo de Carla, un acto de generosidad y amor que jamás olvidaré”, dice Marina. “Y ver la sonrisa de Carla cuando le mostramos el resultado de la prueba de embarazo fue uno de los momentos más especiales de mi vida”.
A lo largo del embarazo, Carla estuvo involucrada en cada paso. “Era como si ambas estuviéramos esperando a nuestro bebé, porque, de alguna manera, ambas lo estábamos creando”, añade Marina. “Fue un proceso tan hermoso porque, aunque mi cuerpo era el que estaba llevando la gestación, sentíamos que todo lo que hacíamos era juntas. Ambas participamos en este milagro de una forma tan única”.
El nacimiento de su hija
Cuando llegó el día del nacimiento, Carla y Marina no podían contener su felicidad. Ambas estaban emocionadas, pero también nerviosas, sabiendo que el momento que tanto habían esperado estaba por llegar. “El día del parto fue simplemente mágico. Aunque Marina estaba dando a luz, yo me sentía como si estuviera allí, a su lado, participando de cada momento”, recuerda Carla.
Finalmente, nacía Alicia, la pequeña que uniría sus vidas para siempre. “Cuando la vi por primera vez, supe que era el reflejo del amor entre nosotras. Y aunque era hija biológica de Carla, para mí, ella es mi hija también”, dice Marina, con los ojos llenos de emoción.
Hoy, Carla y Marina son madres orgullosas de Alicia. Ambas coinciden en que el método ROPA les permitió vivir una experiencia única y profundamente conectada. “El método ROPA nos dio la oportunidad de vivir este proceso juntas, de compartirlo en cada paso, de ser parte de la maternidad la una de la otra”, explica Carla. “No hay nada más hermoso que formar una familia de esta manera, y ver crecer a nuestra hija es un regalo que jamás imaginamos tan perfecto”.
Marina añade: “El amor no tiene fronteras. Ya sea biológicamente o por gestación, lo que importa es el amor con el que criamos a nuestros hijos. El método ROPA nos permitió hacer realidad nuestra familia, y no cambiaríamos ni un solo paso de este proceso”.

