El derecho de nuestros hijos a conocer a su donante de esperma u óvulos

Son ya tres si no recuerdo mal. Son jóvenes que entran en los medios de comunicación reivindicando su derecho a conocer a sus donantes de gametos. Y es algo que está causando una gran revolución mediática.

(Enlace a la noticia aquí)

Y muchas personas me preguntan mi opinión…

Para mi es difícil posicionarme. Creo como he dicho muchas veces que no es una cuestión que se pueda resolver en dos días y con una ruptura total del anonimato.

No me cabe la menor duda que es una cuestión en la que la Sociedad Española de Fertilidad, el Comité de Bioética, las clínicas de reproducción asistida y sus psicólogos especializados en esta materia, donantes, hijos nacidos gracias a la donación y familias que han acudido a la donación deberían reunirse para dar una respuesta lo más cercana a la satisfacción de todos.

Como madre de una hija nacida por donación de esperma he de decir que quizás las familias seamos las que menos tengamos que decir, pero si que somos las que más hemos tenido que decir, acompañar, explicar y empatizar con nuestros hijos.

Porque si nuestros hijos crecen con su verdad por delante desde que son bebés, la necesidad de buscar sus orígenes va a ser meramente por curiosidad y no para establecer lazos familiares.

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La noticia nos habla de lo que llevan años hablando los psicólogos. Si se espera a que nuestros hijos descubran su verdad cuando son adolescentes o mayores causaremos un impacto importante en sus vidas y en cómo han construído durante todos sus años de vivencias una vida que faltaba a la verdad.

Por eso, aquellos a quienes se les ocultó, son los que principalmente van a buscar a sus donantes.

Sin embargo, van a ser muchos menos aquellos que han crecido con una verdad, y una verdad feliz, fruto del deseo, dentro de una familia donde la genética deje de estar tan sobrevalorada, donde la familia clásica deje de estar tan sobrevalorada, donde el nacimiento por el método natural deje de estar tan sobrevalorado y donde todo esto y mucho más deje de ser tabú, quienes busquen a sus donantes; pero fundamentalmente donde una inexistencia deje de ser tan importante para sus progenitores, biológicos o no.

Por supuesto, el trauma de estos dos chicos no tiene que ver con haber nacido gracias a la donación de gametos, sino por haberles ocultado durante toda su vida su verdad, su orígen.

Achacar el trauma a su origen sería injusto para tantos hijos nacidos por donación felices y emocionalmente estables y para tantos hombres y mujeres que han podido ser madres y padres gracias a la donación y a la reproducción asistida.

Los traumas no están relacionados con la procedencia sino con la gestión emocional que nosotros, como padres y madres, como familia, hacemos de nuestras decisiones.

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Lo siempre dicho, si no estás segura o seguro de gestionar emocionalmente la donación de gametos, es mejor no llevarla a cabo.

Sacrificar nuestra estabilidad emocional para perjudicar la de nuestros hijos es el inicio del trauma.

Son ellos, como he dicho muchas veces, quienes se moverán por las redes, por plataformas digitales que ni siquiera están en vía de desarrollo, en las que la genética nos cuente más de nosotros mismos de lo que en verdad necesitamos saber.

Donde lo cercano deje de tener importancia y sí lo lejano; donde la individualidad en la que nos hemos instalado nos haga buscar más en la lejanía que en la cercanía.

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Pero es verdad, que romper con el anonimato va a reducir, por lo menos durante unos años, el número de donantes de gametos.

Y esto va a perjudicar a muchas familias que como nosotros quisieron ser padres o madres.

Esto va a hacer que todas estas familias tengan que recurrir a otros países, donde persista el anonimato, para conseguir un embarazo.

Y luego están los donantes… Todos aquellos que una vez donaron bajo el anonimato y que confían en no encontrarse un buen día descubiertos en programas televisivos por personas que nacieron gracias a su donación.

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Cuestión complicada, que solo acaba de empezar y que desde estas pequeñas líneas quiero confiar en que nosotras y nosotros, las madres y los padres, sepamos estar al lado de nuestros hijos para trivializar la importancia de la genetica, hacer entender que ser donante no es sinónimo de ser padre o madre, que la familia es la que se tiene y no la que se imagina, que la maternidad o la paternidad es el deseo y no el gameto, y que en la vida hay que ser feliz con lo que se tiene (que es mucho) y no con lo que nos dicen que hay que tener.

 

Autor: Rosa Maestro

Periodista, comunicadora, madre sin pareja con donante de esperma y por adopción internacional, fundadora de la web masola.org y autora de los cuentos infantiles #reproducciónasistida "Cloe quiere ser mamá..", "Nora y Zoe, dos mamás para un bebé" y "Lucía y e cofre mágico de la familia".

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