La infertilidad y su coste emocional

Pocos discuten el costo emocional de la lucha que conlleva concebir un hijo.
Una persona, o pareja, puede soñar con tener un hijo toda su vida  y someterse a infinidad de tratamientos, dejarse todos sus ahorros o empeñarse de por vida y no llegar a tener a su hijo.
Sin embargo, socialmente no se ve como una enfermedad y más bien como un problema secundario: un capricho para algunos al que hay que saber renunciar si no te toca. Aunque parezca imposible, hoy en día todavía hay quienes opinan así.
La infertilidad en aumento
No hace munco el CDC (Centro de Control de Enfermedades y Prevención en Estados Unidos) lanzó unos datos estremecedores:  casi 7,3 millones de mujeres en los Estados Unidos, entre las edades de 15 a 44 años han necesitado de un tratamiento de reproducción asistida por diferentes problemas de infertilidad .
Más del 12 por ciento de las mujeres comprendidas entre estas edades se han encontrado con dificultades para llevar un embarazo a término o quedar embarazadas; eso es aproximadamente 1 de cada 8 mujeres que viven en Estados Unidos.
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En España estos datos tampoco dejan de ser alarmantes. Los últimos datos de la SEF (Sociedad Española de Fertilidad), de 2018: el 17 por ciento de las parejas en edad de tener hijos tienen problemas, alrededor de 800.000 personas.
Para 2020 se espera que este dato llegue al 20 por ciento de casos de infertilidad, cada año se generan cerca de 18.000 casos nuevos.
De hecho en 40 años han nacido en todo el mundo más de ocho millones de bebés por reproducción asistida.
Todo un reto para las clínicas de reproducción asistida de nuestro país que superan en número a la mayoría de los países. España es el primer país en Europa en este sentido y el tercero en el mundo.
Y ante este aumento, una buena noticia: las personas ya no tienen tantos reparos en recurrir a los tratamientos de fertilidad para conseguir su sueño de tener familia.
Las razones son muchas: menos tabúes, conciencia de recurrir a la tecnología médica cuando el embarazo no llega y una mayor e información a través de internet y las redes sociales.
El costo emocional
Si bien los desafíos de fertilidad son relativamente comunes, el costo emocional que acompaña a los intentos infructuosos de concebir, abortos involuntarios, a menudo no se discute.
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Los estudios de investigación han demostrado que las parejas que sufren de infertilidad pueden tener tasas más altas de depresión y ansiedad. La investigación también sugiere que los ciclos fallidos de fertilización in vitro (FIV) pueden afectar la autoestima de una mujer y exacerbar aún más la depresión.
Entonces …,  ¿Por qué se menosprecia tanto las emociones en reproducción asistida?
En España cada vez son más las clínicas que cuentan con psicológos especializados en infertilidad pero la Sanidad Pública hasta la fecha ni siquiera le ha prestado atención a este efecto secundario.
Y esto hace que muchas personas encuentren refugio en las redes sociales, en los foros, en los grupos afines.
Cada vez son más las mujeres que ya han pasado por ello quienes se ayudan, asesoran y arropan a las personas en pleno vaivén emocional.
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Influencers como apoyo en clínicas
Es posible que un futuro no muy lejano nos encontremos a clínicas que cuenten con antiguas pacientes trabajando en este área imitando a otros campos que ya utilizan a antiguos pacientes como apoyo, sobre todo en el campo de las adiciones.
Siempre se ha dicho que entre afines se entienden mejor.
El objetivo es que el centro de fertilidad se convierta en un lugar donde los pacientes se encuentren cómodos, como en casa, no ante la frialdad de una sala y con un problema emocional incomprendido.
Los centros de reproducción asistida realizarán en un futuro ese viaje emocional con sus pacientes.
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Demasiado difícil para soportar
No es raro que una mujer en tratamiento de fertilidad asista a una cita en su centro de fertilidad cada dos o tres días.
Hacer malabares con el trabajo, las vidas personales, las familias y, muchas veces, con otros hijos, puede hacer que este viaje se sienta como una escalada interminable.
Puede ser demasiado difícil para soportar; puede hacer que los más fuertes de nosotros y aquellos que comenzaron creyendo que podrían, se rompan, lo dejen, abandonen o renuncien a tener un hijo; incluso que muchas parejas terminen en separación, divorcio e incomprensión.
Todavía existe la idea errónea de que las mujeres que intentan concebir y no pueden no deben asistir a un psicólogo por temor a que se les receten medicamentos que podrían interferir con el embarazo, o porque la infertilidad socialmente sigue sin considerarse como enfermedad.
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Son muchas veces las que una mujer tiene que oír y a veces de su entorno más cercano: “Mujer hay cosas más graves”, “vendrá cuando menos lo esperes”, “no te obsesiones”, “Mira tu tía Paulita, no pudo tener hijos y tan feliz”.
Sin embargo, una evaluación realizada por un profesional de la salud mental no significa necesariamente que le receten medicamentos, ya que no siempre está indicado.
Se deben sopesar los riesgos y beneficios para determinar si el medicamento está indicado. Muchas veces el hecho de que simplemente nos escuchen, sirve de mucho apoyo y ayuda. De ahí el triunfo de los grupos en la red.
Los tratamientos no farmacológicos también están disponibles para aquellos que intentan concebir.
Los datos han demostrado que muchas mujeres pueden beneficiarse de los grupos de apoyo regulares y compartir sus experiencias con otras personas.
¿Por qué entonces no se crean estos grupos de apoyo en las clínicas de reproducción asistida?
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Se pueden recomendar tratamientos alternativos como la acupuntura. También pueden ser recomendables técnicas como ejercicios de respiración y otras técnicas de relajación.
Las otras opciones para ser madres
Otras muchas veces nos cerramos en nosotros mismos y no vemos más allá del ideal creado en nuestra mente, pero hay muchas opciones hoy en día para poder llegar a tener una familia: la adopción, le acogimiento, la ovodonación, la donación de embriones, o la Gestación Subrogada.
Países como Estados Unidos han dejado de diferencias entre las distintas formas de gestar.
Si bien las consecuencias psicológicas de la infertilidad pueden ser desafiantes, el sueño de tener un hijo a menudo motiva a las familias a seguir adelante con otros tratamientos de fertilidad o buscar la adopción.
Por eso para todos aquellos que tratan de concebir  es importante tener en cuenta revisiones regulares con sus endocrinólogos reproductivos, médicos de atención primaria, ginecólogos, terapeutas, psiquiatras y especialistas.
Por otro lado, los datos anteriormente citados no dejan de ser alarmantes. La infertilidad crece y muchas veces nuestro estilo de vida o nuestro postergar tanto la maternidad/paternidad tiene bastante que ver.
Las familias también deben comprometerse con un estilo de vida que incluya una buena nutrición y niveles saludables de ejercicio.
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Ya sea que una familia tenga un hijo de forma natural, con la ayuda de la tecnología reproductiva o mediante la adopción, cada niño es un milagro.
Al adoptar un enfoque proactivo para tratar los síntomas mentales y físicos de la infertilidad, el camino a veces difícil para alcanzar ese milagro será mucho más fácil
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La infertilidad y su coste emocional
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Autor: Rosa Maestro

Periodista, comunicadora, madre sin pareja con donante de esperma y por adopción internacional, fundadora de la web masola.org y autora de los cuentos infantiles #reproducciónasistida "Cloe quiere ser mamá..", "Nora y Zoe, dos mamás para un bebé" y "Lucía y e cofre mágico de la familia".

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